TDAH · TEA · AACC · DEA

Cada persona aprende, se organiza, se relaciona y afronta las dificultades de una manera diferente.

La diversidad también está presente en la forma en que atendemos, procesamos la información, aprendemos, nos comunicamos y nos relacionamos.

El TDAH, el TEA, las altas capacidades y las dificultades específicas de aprendizaje son realidades diferentes, pero ninguna de ellas define por completo a una persona. Pueden ir acompañadas de fortalezas, intereses, capacidades y formas particulares de aprender, y también de situaciones que requieren un esfuerzo mayor.

En Kuraia miramos ambas partes: qué funciona, qué cuesta, qué necesita la persona y qué está ocurriendo en su entorno, ya que las dificultades no dependen únicamente de la persona; también pueden aparecer cuando las demandas de una situación no encajan bien con su forma de funcionar.

El objetivo es favorecer el aprendizaje, la participación y el desarrollo, encontrando estrategias y apoyos que tengan sentido para cada persona y para los contextos en los que se desenvuelve.

Psicología para la Diversidad de Perfiles Neurocognitivos

Áreas comunes en diferentes perfiles

Aunque TDAH, TEA, altas capacidades y dificultades de aprendizaje son realidades diferentes, algunas necesidades pueden coincidir. Por eso, el acompañamiento se adapta a cada persona y puede abordar distintas áreas relacionadas entre sí.

Funcionamiento ejecutivo. Trabajamos habilidades como la planificación, la organización, la gestión del tiempo, la priorización, el inicio y seguimiento de las tareas, la flexibilidad o la toma de decisiones. Son recursos que permiten desenvolverse con mayor facilidad ante las demandas cotidianas.

Aprendizaje y estudio. Podemos trabajar la forma de organizar el trabajo, afrontar las tareas, mantener el esfuerzo y desarrollar hábitos que faciliten un aprendizaje más autónomo y eficaz.

Motivación y persistencia. Cuando algo resulta difícil, poco interesante o requiere un esfuerzo sostenido, mantener la implicación puede convertirse en un reto. Buscamos comprender qué está interfiriendo y encontrar formas de favorecer la participación y la continuidad en las tareas.

Gestión emocional. Las dificultades pueden venir acompañadas de frustración, bloqueo, inseguridad, exigencia o miedo al error. Trabajamos estrategias para reconocer y afrontar estas situaciones, sin perder de vista aquello que las está generando.

Habilidades sociales y relaciones. Las relaciones con otras personas también requieren aprendizaje. Podemos trabajar la comunicación, la comprensión de situaciones sociales, la resolución de conflictos y diferentes formas de desenvolverse en los contextos cotidianos.

Autonomía y toma de decisiones. Acompañamos el desarrollo progresivo de la capacidad para asumir responsabilidades, valorar opciones, resolver situaciones cotidianas y utilizar los apoyos necesarios en cada momento.

Orientación y acompañamiento a familias

Cuando hablamos de niños, niñas y adolescentes, la persona no es la única que puede necesitar aprender nuevas estrategias.

Las familias también necesitan comprender qué está ocurriendo, saber cómo acompañar determinadas situaciones y encontrar maneras de apoyar sin que cada dificultad termine convirtiéndose en una lucha diaria.

A veces, pequeños cambios en la forma de plantear una tarea, anticipar una situación, establecer una norma, ofrecer una ayuda o responder ante un conflicto pueden modificar mucho la manera en que una persona afronta el día a día. Por eso, el trabajo con las personas adultas de referencia forma parte del acompañamiento.

No se trata de dar a las familias una lista de instrucciones que aplicar en casa, sino de comprender juntos qué está pasando, qué está funcionando y qué podemos hacer de otra manera.

Podemos trabajar conjuntamente para:

  • Comprender mejor las características, necesidades y formas de funcionar de vuestro hijo o hija.

  • Identificar sus fortalezas, intereses, capacidades y recursos.

  • Entender qué situaciones están generando dificultades y qué puede estar influyendo en ellas.

  • Diferenciar aquello que la persona puede aprender de aquello que necesita ser facilitado o adaptado en su entorno.

  • Revisar las demandas, expectativas y apoyos que se están ofreciendo.

  • Encontrar formas diferentes de acompañar determinadas situaciones.

  • Establecer rutinas, límites y responsabilidades ajustados a la edad y a las capacidades de cada persona.

  • Favorecer la autonomía progresiva, ofreciendo apoyos cuando son necesarios y retirándolos gradualmente cuando dejan de serlo.

  • Acompañar situaciones de frustración, bloqueo, inseguridad o conflicto.

  • Buscar alternativas cuando una estrategia que hasta ahora funcionaba ha dejado de hacerlo.

  • Favorecer una mayor coherencia entre las estrategias utilizadas en casa y, cuando sea necesario, en el entorno educativo.

El objetivo no es que la familia tenga que estar pendiente de todo o de convertir la convivencia en un programa de intervención permanente. Buscamos hacer que el día a día resulte más comprensible, predecible y manejable, ayudando a que las personas adultas puedan acompañar con mayor seguridad y que niños, niñas y adolescentes vayan desarrollando progresivamente sus propios recursos.

Coordinación con el entorno educativo

Las dificultades no aparecen únicamente en casa. La forma de organizar una clase, las demandas académicas, los cambios de rutina, las relaciones con iguales o determinadas situaciones sociales pueden influir en cómo una persona participa y aprende. Por eso, cuando la familia lo considera útil y lo autoriza, podemos coordinar estrategias con los referentes educativos.

La finalidad no es trasladar al centro educativo el trabajo realizado en Kuraia ni intervenir directamente sobre su funcionamiento, sino compartir la información necesaria para comprender mejor determinadas situaciones, identificar posibles barreras y favorecer que algunos apoyos o estrategias puedan tener continuidad entre los diferentes contextos.

Esta coordinación puede ser especialmente útil cuando necesitamos:

  • Compartir información relevante sobre las necesidades y recursos de la persona.

  • Identificar situaciones del entorno que están dificultando su participación o aprendizaje.

  • Valorar qué apoyos o ajustes pueden facilitar determinadas situaciones.

  • Favorecer estrategias coherentes entre los diferentes contextos.

  • Revisar cómo está funcionando una estrategia y realizar los ajustes necesarios.

Siempre partiremos de lo que sea pertinente para el acompañamiento y con la autorización de la familia cuando sea necesaria.

¿Cómo trabajaremos?

Partiremos de la situación concreta y de la vida cotidiana: qué está ocurriendo, cuándo aparecen las dificultades, en qué situaciones no aparecen, qué está funcionando ya y qué recursos tiene la persona y su entorno.

No partimos de una lista cerrada de habilidades que todas las personas deban desarrollar de la misma manera. Los objetivos se establecerán en función de las necesidades concretas y de aquello que pueda favorecer una mayor autonomía, participación y bienestar en su día a día.

A partir de ahí, iremos trabajando los objetivos mediante enseñanza, modelado, práctica y aplicación a situaciones reales.

Esto significa que no nos limitaremos a hablar sobre qué habría que hacer. Aprenderemos estrategias, veremos cómo utilizarlas, las practicaremos y buscaremos la manera de trasladarlas progresivamente a las situaciones en las que realmente hacen falta.

En Kuraia no realizamos diagnósticos. Cuando existe un diagnóstico o una valoración previa, partimos de la información disponible para comprender mejor las necesidades de la persona y orientar el acompañamiento.

Podemos trabajar a partir de informes sociopsicopedagógicos realizados en el centro educativo o instituto, así como de valoraciones e informes elaborados por servicios de neuropediatría, psiquiatría u otros profesionales sanitarios, cuando la familia los aporte.

Estos documentos nos ayudan a conocer los aspectos que ya han sido valorados, los apoyos que se han identificado y las recomendaciones realizadas. A partir de ahí, nos centramos en cómo se manifiestan esas necesidades en la vida cotidiana y qué podemos trabajar desde la Psicología Educativa.

No es necesario disponer de un diagnóstico previo para solicitar acompañamiento. Podemos partir igualmente de una dificultad concreta, de una necesidad que preocupa a la familia o de situaciones que están interfiriendo en el aprendizaje, la autonomía, las relaciones o la convivencia.

Dependiendo de cada caso, el acompañamiento puede incluir:

  • Sesiones individuales con niños, niñas o adolescentes.

  • Sesiones con las personas adultas de referencia.

  • Trabajo conjunto con la familia.

  • Observación en el contexto natural cuando sea útil.

  • Orientaciones y propuestas para situaciones concretas del día a día.

  • Coordinación con profesionales o referentes del entorno educativo.

  • Seguimiento para valorar qué está funcionando y qué necesita modificarse.

La intervención puede ir cambiando a medida que cambian las necesidades. No se trata de mantener los mismos apoyos indefinidamente, sino de ir favoreciendo que la persona pueda utilizar cada vez más sus propios recursos y decidir cuándo necesita ayuda.

Buscamos que cada persona pueda desarrollar sus capacidades, encontrar formas de afrontar lo que le resulta difícil y participar en su entorno de una manera cada vez más satisfactoria.

Y para conseguirlo, a veces tendremos que enseñar nuevas habilidades; otras veces, modificar una estrategia; y otras, cambiar las condiciones del entorno para que aquello que antes suponía una barrera deje de serlo.

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